Raúl Alfonsín, el chascomunense que alzó la voz en tiempos de silencio
En el marco de la Semana de la Memoria, su figura vuelve a cobrar relevancia como símbolo del compromiso con la democracia y los derechos humanos.
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En el contexto de la Semana de la Memoria, que cada año se desarrolla en torno al Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, la figura de Raúl Alfonsín, hijo de Chascomús, adquiere un significado especial al cumplirse 50 años del último golpe cívico-militar.
Durante la dictadura iniciada en 1976, Alfonsín se destacó como una de las pocas voces políticas que denunció abiertamente las violaciones a los derechos humanos en un contexto de censura, persecución y miedo generalizado. A través de la revista Propuesta y Control y de diversos documentos políticos, expresó ideas y advertencias cuando gran parte de la dirigencia optaba por el silencio.
Su compromiso no fue solo discursivo. También participó activamente en la defensa de presos políticos y en la denuncia de secuestros y torturas. Uno de los episodios más recordados fue su intervención tras la detención del dirigente radical Mario Amaya, a quien pudo ver en condiciones extremas antes de su muerte. Ese tipo de acciones reflejan el riesgo personal que asumían quienes enfrentaban al régimen.
A fines de los años 70 y comienzos de los 80, Alfonsín profundizó su postura crítica frente a la dictadura, advirtiendo sobre sus consecuencias políticas, económicas y sociales. En 1979 publicó una de sus denuncias más contundentes, en la que alertaba sobre un “ensayo de cambio regresivo” que podía comprometer el futuro democrático del país.
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Con el debilitamiento del régimen, fue uno de los impulsores de la articulación entre fuerzas políticas para reclamar el regreso a la democracia. En ese marco, promovió el fortalecimiento de la Multipartidaria y exigió elecciones libres, incluso en medio del clima de euforia generado por la Guerra de Malvinas, postura que lo diferenció de otros dirigentes de la época.
En 1982, sus discursos comenzaron a convocar a miles de personas en actos públicos, marcando el resurgimiento de la participación política tras años de prohibiciones. Su mensaje, centrado en la defensa de la democracia, los derechos humanos y la necesidad de juzgar a los responsables de la dictadura, fue ganando cada vez más adhesión.
Con el retorno democrático en 1983, ya como presidente, Alfonsín impulsó una de las decisiones más trascendentales de la historia reciente: la creación de la CONADEP, que permitió documentar miles de casos de desapariciones forzadas y dar origen al informe Nunca Más. Este trabajo fue fundamental para el histórico Juicio a las Juntas, un hito a nivel mundial en materia de derechos humanos.
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Su liderazgo también se consolidó en una intensa campaña electoral que recorrió todo el país, con actos multitudinarios y un discurso que apelaba a la reconstrucción democrática. El 30 de octubre de 1983, más de 15 millones de argentinos volvieron a votar y consagraron a Alfonsín como presidente, marcando el fin de la dictadura.
A cuatro décadas de la recuperación democrática y a 50 años del golpe, la figura de Alfonsín —el dirigente que “habló cuando casi todos callaban”— se resignifica tanto a nivel nacional como local. Desde su ciudad natal, Chascomús, su legado sigue vigente como un símbolo del compromiso con la memoria, la verdad y la justicia, valores que la Semana de la Memoria busca mantener vivos en cada generación.
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