Maderas que unen en la Residencia de Larga Estadía: un puente entre generaciones que transforma aprendizaje en comunidad
La iniciativa “Maderas que unen” reúne a adultos mayores y estudiantes en un espacio de aprendizaje compartido que pone en valor el encuentro, la transmisión de saberes y la importancia de los vínculos intergeneracionales en tiempos atravesados por la tecnología.
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En tiempos donde la tecnología parece dominar los vínculos cotidianos, las experiencias cara a cara cobran un valor especial. En Chascomús, una propuesta impulsada desde la Residencia Municipal de Larga Estadía “Elena Hebert de Estefanell” demuestra que el encuentro entre generaciones no solo es posible, sino profundamente enriquecedor.
Se trata del taller “Maderas que unen”, una iniciativa que articula el trabajo entre los adultos mayores que residen en el hogar y estudiantes de la Escuela de Educación Especial N° 502 “25 de Mayo”. La propuesta va mucho más allá de una actividad recreativa: se convierte en un espacio de intercambio, aprendizaje mutuo y construcción de vínculos genuinos.
A través de la carpintería, abuelos y jóvenes comparten saberes, historias y experiencias, en un proceso donde todos enseñan y todos aprenden. Mientras los estudiantes incorporan técnicas y el uso de herramientas, los adultos mayores aportan su experiencia, su mirada y ese conocimiento práctico que no siempre se encuentra en los libros.
Un aprendizaje que trasciende lo técnico
El taller se desarrolla los días jueves, de 17 a 19 horas, y propone un recorrido progresivo: desde el reconocimiento y uso seguro de herramientas hasta la elaboración de objetos de uso cotidiano. Para ello, se utilizan maderas recicladas, provenientes de donaciones y materiales recuperados de carpinterías y obras, lo que también suma una dimensión ambiental al proyecto.
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Más allá de lo técnico, el verdadero valor de la iniciativa radica en lo humano. En cada encuentro se fortalecen la empatía, la escucha y el respeto por el otro. Se generan lazos que rompen con prejuicios y distancias generacionales, en un contexto donde muchas veces los adultos mayores quedan relegados o invisibilizados.
Aquí, en cambio, son protagonistas.
El valor de encontrarse
En un mundo cada vez más atravesado por pantallas, este tipo de propuestas recupera algo esencial: el encuentro real. El diálogo sin intermediarios, el tiempo compartido, la construcción colectiva.
Las experiencias intergeneracionales no solo enriquecen a quienes participan directamente, sino que también interpelan a la comunidad en su conjunto. Invitan a repensar el lugar de los adultos mayores en la sociedad y a reconocer que su aporte sigue siendo fundamental.
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“Maderas que unen” no es solo un taller. Es un espacio donde se construyen objetos, pero también vínculos. Donde la madera es excusa y el verdadero trabajo sucede en otro plano: el de la memoria, la transmisión y la construcción de una comunidad más integrada.
En definitiva, una experiencia que demuestra que, incluso en tiempos de tecnología, el aprendizaje más valioso sigue naciendo del encuentro entre personas.
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