La Técnica N°1, un pilar productivo que Chascomús no puede darse el lujo de descuidar
La comunidad educativa de la Escuela Técnica N°1 impulsa una campaña de firmas para exigir respuestas por el deterioro edilicio. Más allá de la urgencia por techos, baños y seguridad, el reclamo reabre el debate sobre el rol estratégico de la educación técnica en la formación de oficios y en el desarrollo productivo de Chascomús.
La creciente preocupación por el estado edilicio de la Escuela de Educación Técnica N°1 de Chascomús, históricamente reconocida por la comunidad como “la INDU”, volvió a encender una alarma que trasciende lo meramente escolar: lo que hoy está en juego no es solo la infraestructura de un edificio, sino una institución clave en la formación de la mano de obra calificada que sostiene parte del desarrollo productivo de la ciudad.
En las últimas horas, padres y miembros de la comunidad educativa comenzaron una campaña de recolección de firmas para solicitar una audiencia urgente con el Consejo Escolar, con el objetivo de exponer una serie de problemas estructurales y de mantenimiento que, según denuncian, se arrastran desde hace tiempo sin respuestas concretas.
La iniciativa fue impulsada por la cooperadora del establecimiento. En declaraciones a FM Por Siempre 97.3, su presidente, Patricio Pelliza, expresó la preocupación existente por el deterioro de las instalaciones y la insuficiencia de recursos para afrontar gastos que, en rigor, deberían ser atendidos por el Estado.
Entre los reclamos más urgentes aparece el grave estado de los techos, especialmente en el área de talleres, un sector neurálgico para la formación técnica.
Durante las últimas lluvias, las filtraciones volvieron a poner en evidencia el deterioro edilicio. “El día de la última lluvia fue impresionante cómo se llovía adentro. Ese es el tema más prioritario”, señaló Pelliza.
A esto se suman problemas en el suministro de agua, baños deteriorados, falta de aulas y reiterados hechos de inseguridad, un combo que refleja una situación estructural que preocupa cada vez más a las familias.
La institución, que supera actualmente los 750 alumnos, registra un crecimiento constante de la matrícula: cada año egresan entre 60 y 70 estudiantes, mientras ingresan entre 120 y 140. Este dato, lejos de ser una estadística más, expone la enorme demanda que tiene la educación técnica en la ciudad.
Y allí aparece el punto central que esta situación obliga a discutir.
La Escuela Técnica N°1 no es una escuela más dentro del sistema educativo local.
Es uno de los principales semilleros de oficios, técnicos y futuros profesionales que luego se insertan en el entramado productivo e industrial de Chascomús y la región.
En una ciudad donde la actividad metalúrgica, electromecánica, de servicios, construcción, mantenimiento industrial y distintos rubros productivos demandan cada vez más personal capacitado, la escuela técnica cumple un rol estratégico.
De sus aulas y talleres salen jóvenes formados en especialidades que alimentan la actividad de talleres mecánicos, industrias, empresas de servicios, emprendimientos privados y proyectos tecnológicos locales.
En tiempos donde los oficios han recuperado un valor central en el mercado laboral, descuidar una institución de estas características implica comprometer parte del futuro económico y social de la ciudad.
La formación técnica no solo ofrece salida laboral concreta, sino que históricamente ha sido una herramienta de movilidad social ascendente.
La posibilidad de egresar con conocimientos prácticos, experiencia en talleres y capacitación específica permite a muchos jóvenes acceder rápidamente al mundo del trabajo, continuar estudios superiores o incluso desarrollar sus propios emprendimientos.
Por eso, la problemática edilicia no puede leerse únicamente desde la lógica del mantenimiento escolar. El deterioro de la Técnica también impacta en la calidad de la formación que reciben cientos de estudiantes que mañana serán electricistas, técnicos electromecánicos, maestros mayores de obra, operarios especializados o emprendedores.
Una ciudad que apuesta al crecimiento productivo necesita cuidar, fortalecer y modernizar los espacios donde se forma su capital humano.
Resulta difícil comprender cómo una institución con semejante matrícula, trayectoria e importancia estratégica continúa dependiendo en gran medida del esfuerzo de la cooperadora y del aporte económico de familias que, como reconocen desde la propia entidad, atraviesan una situación compleja.
La preocupación también alcanza a la seguridad. Según detalló Pelliza, en los últimos dos años la escuela sufrió entre seis y siete robos, cuyos daños debieron ser afrontados por la cooperadora.
Incluso un proyecto para instalar cámaras de vigilancia con equipos donados por familias y con apoyo municipal quedó frenado por cuestiones administrativas.
La situación plantea, una vez más, la necesidad de una respuesta institucional rápida y a la altura de las circunstancias.
Porque invertir en la Escuela Técnica no es un gasto: es una inversión directa en el presente y el futuro de Chascomús. Es apostar por la producción, por la generación de empleo, por la capacitación en oficios y por una ciudad que necesita técnicos formados para sostener su crecimiento.
La comunidad educativa hoy junta firmas, pero en el fondo lo que reclama es algo mucho más profundo: que se comprenda que detrás de cada techo que se llueve y cada taller deteriorado hay oportunidades que pueden perderse. Y eso, para una ciudad con vocación productiva, debería ser una prioridad ineludible.
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