La deuda pendiente de Chascomús: formar enfermeros con mayor capacitación en tiempos de crisis sanitaria
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El Hospital Municipal San Vicente de Paul es el único efector de salud en Chascomús, y su alcance excede las fronteras locales: pacientes de Lezama, Ranchos y otras ciudades cercanas se atienden allí, sin costo alguno. Sin embargo, mientras la presión sobre el sistema público crece en medio de un contexto económico adverso, la formación y la capacitación del personal de salud parecen no ocupar un lugar central en la agenda política ni en la preocupación social.
Desde hace años, enfermeras y enfermeros de Chascomús reclaman la posibilidad de cursar la Licenciatura en Enfermería en la ciudad. Hubo pedidos, debates y hasta proyectos que quedaron en la nada. La explicación más repetida es tan cruda como real: no era un tema “rentable” para la política, ni tampoco generó el suficiente interés comunitario. Mientras tanto, los profesionales de la salud continúan trabajando en condiciones salariales por debajo de la canasta básica, enfrentando críticas constantes y con escasas oportunidades de perfeccionamiento sin tener que viajar, costear traslados o afrontar matrículas que rondan los 150 mil pesos.
Actualmente, la única oferta educativa accesible en la ciudad es la Tecnicatura Superior en Enfermería, que dicta el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N° 57 Juana Manso. La Licenciatura en Enfermería, en cambio, solo está disponible en modalidad a distancia, a través de instituciones como la Fundación Barceló, pero con prácticas obligatorias en ciudades alejadas como Buenos Aires, La Rioja, Santo Tomé, Posadas o Caleta Olivia. Es decir, una opción prácticamente inaccesible para quienes deben sostener su trabajo en el hospital y al mismo tiempo formarse.
La diferencia entre ambos títulos no es menor. La Tecnicatura permite el ejercicio de la profesión en tres años, mientras que la Licenciatura ofrece un grado superior que habilita a una formación más completa, con mayores competencias en liderazgo, investigación y gestión sanitaria. Este salto académico, tan necesario en un sistema que demanda profesionales mejor preparados, hoy es un privilegio para pocos.
En tiempos en que la salud pública se ha convertido en el sostén casi exclusivo de una población castigada por la crisis económica, la falta de inversión en formación de enfermería es un contrasentido alarmante. Es más sencillo criticar a médicos, enfermeros y camilleros que sostienen la atención diaria, que señalar a los responsables políticos de no garantizar espacios de capacitación adecuados.
El perfeccionamiento de los profesionales de la salud no puede quedar librado a esfuerzos individuales ni a la buena voluntad de quienes, con salarios insuficientes, deben pagar estudios privados y trasladarse largas distancias. La capacitación debe ser entendida como una política de Estado: sin profesionales preparados, no hay sistema de salud que resista.
Chascomús necesita dar un paso adelante. La apertura de la Licenciatura en Enfermería en la ciudad no solo sería un acto de justicia para los trabajadores que sostienen la salud pública, sino también una inversión estratégica en el bienestar de toda la comunidad y de la región. Porque sin enfermeros y enfermeras bien formados, el futuro del hospital y de la salud local se vuelve cada día más frágil.
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