Juan Patricio Wallace cerró el año de su taller literario en un escenario cargado de historia y cultura
En un encuentro que unió literatura, historia y patrimonio cultural, el taller coordinado por el escritor chascomunense Juan Patricio Wallace cerró su año de actividades en la Estancia La Raquel, consolidando el trabajo conjunto entre los grupos de Chascomús y Lezama y proyectando nuevas propuestas para 2026.
El taller literario coordinado por el escritor chascomunense Juan Patricio Wallace tuvo su emotivo cierre de año en un marco inmejorable: la histórica Estancia La Raquel, uno de los sitios emblemáticos de la Ruta 2, donde la literatura se fusionó con la memoria y el patrimonio cultural.
“Cerramos hoy el año literario en este magnífico lugar”, expresó Wallace al finalizar el encuentro, agradeciendo especialmente a quienes confiaron en su propuesta desde los inicios del espacio. En ese recorrido destacó la enriquecedora fusión entre el grupo de Lezama y el de Chascomús, una unión que potenció el intercambio creativo y fortaleció el espíritu colectivo del taller.
El escritor confirmó además que el camino continuará el próximo año: “Seguimos jugando con palabras en 2026”, anticipó, renovando el compromiso con la creación literaria y el encuentro entre escritores y aficionados.
Wallace agradeció a Cultura Lezama por la oportunidad y a Estancia La Raquel por la apertura a la cultura y la calidez con la que recibió al grupo. La visita, gestionada por el propio coordinador con el acompañamiento de Cecilia Guerrero, se realizó de manera gratuita y dejó abiertas las puertas para futuras actividades literarias en el lugar.
La elección del escenario no fue casual. La Estancia La Raquel, atravesada por la trágica historia de Felicitas Guerrero, forma parte de un legado fundamental de la región. Su hermano, Manuel Guerrero, fue propietario de unas 40.000 hectáreas dedicadas a la producción desde fines del siglo XIX y un verdadero precursor de la lechería en la Cuenca del Salado. Con técnicas de avanzada para la época, despachaba cerca de 18.000 litros diarios de leche a Buenos Aires a través del ferrocarril desde la Estación Guerrero.
En cada rincón de la estancia permanece el reflejo de una familia que contribuyó al crecimiento del país, generando trabajo y cuidando a quienes formaban parte de su comunidad. En ese contexto, la palabra escrita encontró un espacio donde pasado y presente dialogaron, cerrando el año con una experiencia que fue, en palabras de los participantes, verdaderamente mágica.
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