Faltan vacunas, sobran ajustes: la crisis en PAMI golpea a los adultos mayores en Chascomús
Con apenas 10 dosis para unos 200 afiliados en una farmacia local, la campaña antigripal expone un escenario alarmante. Demoras, recortes y un sistema tensionado que deja a los más vulnerables en una situación de incertidumbre sanitaria creciente.
La falta de vacunas antigripales para afiliados del PAMI volvió a encender señales de alerta en Chascomús, pero este año el problema adquiere una dimensión más preocupante. No se trata solo de demoras: los números evidencian un faltante crítico que impacta directamente en la población de mayor riesgo.
La farmacéutica Cecilia Anchordoquy, titular de Farmasur, describió en Fm Por Siempre 97.3 un panorama contundente: de unos 200 afiliados que habitualmente se atienden en su farmacia, apenas recibió 10 dosis. Una cifra que, más que insuficiente, resulta simbólica frente a la demanda real. “Duraron apenas unas horas”, explicó, dejando en evidencia la magnitud del desfasaje entre lo que se necesita y lo que efectivamente se distribuye.
El problema no es nuevo, pero se profundiza en un contexto donde las políticas de ajuste comienzan a tener efectos concretos en el acceso a la salud. Bajo la premisa del “déficit cero” impulsada por el gobierno de Javier Milei, el sistema sanitario enfrenta recortes que ya no se perciben solo en números, sino en la vida cotidiana de los afiliados.
El mecanismo de distribución, además, agrega incertidumbre. Cada dosis aplicada debe registrarse en el sistema para habilitar nuevas partidas, pero en este caso, tras más de diez días, no hubo reposición. Mientras tanto, el tiempo corre: la vacunación antigripal debería comenzar a fines de febrero y alcanzar a la población de riesgo antes de abril. No solo por una cuestión organizativa, sino porque el cuerpo tarda entre dos y cuatro semanas en generar inmunidad.
La consecuencia es clara: adultos mayores —muchos de ellos de más de 80 o 90 años— que recorren farmacias una y otra vez en busca de una vacuna que no llega. En pleno descenso de temperaturas, la exposición innecesaria y el riesgo de contagio agravan aún más el cuadro.
Este escenario se inscribe en un contexto más amplio de recortes dentro del PAMI. En los últimos meses, se redujo la cobertura total de más de 40 medicamentos de uso frecuente, se establecieron restricciones económicas para acceder a la gratuidad y se limitaron tratamientos, incluso en áreas sensibles. La lógica del ajuste, aplicada de manera uniforme, parece no distinguir entre variables fiscales y necesidades sanitarias.
A esto se suman demoras en los pagos a farmacias, lo que tensiona aún más el sistema. Pese a ello, los profesionales continúan garantizando la atención, evitando una interrupción que podría tener consecuencias aún más graves.
La falta de vacunas antigripales, en este contexto, deja de ser un problema estacional para convertirse en un síntoma de algo más profundo: un sistema que comienza a mostrar fisuras en su capacidad de respuesta. Y en esa grieta, quienes quedan más expuestos son, una vez más, los adultos mayores.
En nombre del equilibrio fiscal, la pregunta que empieza a instalarse es hasta dónde puede ajustarse sin comprometer derechos básicos. Porque cuando la prevención falla, lo que sigue no es ahorro: es riesgo.
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