Estado presente: inversión social, igualdad de oportunidades y comunidad organizada
Desde la primera infancia hasta la universidad, pasando por la salud, la producción y la integración comunitaria, las políticas públicas locales evidencian que la inversión social no es un gasto sino una herramienta concreta para garantizar derechos, reducir desigualdades y fortalecer el entramado comunitario frente a discursos que promueven la retirada del Estado.
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En tiempos en los que desde distintos sectores se insiste con la idea de un Estado reducido a su mínima expresión —un Estado que se retire, que delegue en el mercado y que mida su eficacia únicamente en términos de rentabilidad—, la realidad cotidiana de Chascomús ofrece una respuesta concreta: cuando el Estado está presente, la comunidad crece, se integra y se fortalece.
El inicio del ciclo lectivo en el Espacio de Primera Infancia (EPI) del barrio 30 de Mayo y en el Centro de Desarrollo Infantil (CDI) del barrio San Luis no es un dato administrativo más. Es la reafirmación de una política pública que entiende que el cuidado en los primeros años de vida no puede depender del poder adquisitivo de una familia. Estos dispositivos, junto al Jardín Maternal e Infantil “Clarisa Amézaga” del barrio Iporá, conforman una red municipal que garantiza derechos desde los 45 días de vida.
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El CDI, ubicado en Chubut y Ramón Milani, ofrece cuidado integral a niños y niñas de hasta 2 años, priorizando a familias en situación de vulnerabilidad, y por la tarde se transforma en un centro comunitario. El EPI, por su parte, brinda un servicio gratuito de crianza compartida en doble turno. Allí no sólo se cuida: se acompaña, se orienta y se construyen redes. Se promueve, además, una distribución más equitativa de las tareas de cuidado, ampliando las posibilidades de las mujeres para desarrollarse en otros ámbitos.
Ese mismo enfoque se refleja en el programa “Producir Igualdad”, que continúa creciendo y que ya proyecta la incorporación de unas 20 nuevas emprendedoras. La articulación entre las áreas de Género y Desarrollo Productivo, con acompañamiento provincial, demuestra que la autonomía económica no es un discurso, sino una política concreta: tutorías, capacitación, formalización y espacios de comercialización para mujeres y diversidades que muchas veces son sostén de hogar. Sin Estado, estas herramientas simplemente no existirían.
La ampliación de la oferta académica en el Centro Universitario local, con la incorporación de la Licenciatura en Gestión Educativa, es otro ejemplo de una política que apuesta a la igualdad real. Permitir que docentes puedan formarse en su propia ciudad evita migraciones forzadas y genera desarrollo local. La educación superior deja de ser un privilegio geográfico para transformarse en un derecho cercano.
En paralelo, la vida comunitaria se fortalece con iniciativas como el taller intergeneracional de carpintería en la Residencia Municipal “Elena Hebert de Estefanell”, donde adultos mayores y estudiantes de la Escuela 502 comparten saberes y construyen juntos mobiliario para uso institucional. No es sólo un taller: es integración, es dignidad, es comunidad organizada.
También lo es el curso de preparto gratuito que se dicta cada martes en el Hospital Municipal “San Vicente de Paul”, acompañando a personas gestantes en un momento clave de sus vidas. O el avance de la obra del Espacio Comunitario del barrio La Esmeralda, que incluirá salón de usos múltiples, consultorios, comedor, plaza y cancha, generando infraestructura para el encuentro y la inclusión.
La conformación de la nueva Comisión Administrativa de Becas y Residencia Universitaria, que evalúa solicitudes y asigna recursos con participación plural, reafirma otro principio esencial: el acceso a la educación superior no puede depender exclusivamente del ingreso familiar. Las 25 becas mensuales y las 18 plazas en la residencia representan oportunidades concretas para jóvenes de la ciudad.
Finalmente, la incorporación de una nueva mesa quirúrgica al Hospital Municipal no es solo una mejora técnica. Es una inversión estratégica en salud pública. En un contexto nacional donde se promueve el gerenciamiento privado de hospitales emblemáticos, fortalecer el único efector de salud con internación de la ciudad es una decisión política clara: la salud es un derecho, no un negocio.
Cada una de estas acciones —desde la primera infancia hasta la universidad, desde la producción local hasta la atención sanitaria— configura una misma idea: el Estado no es un gasto; es una herramienta de integración, de equidad y de desarrollo.
Frente a la narrativa que propone un Estado ausente y un mercado que todo lo ordena, la experiencia local demuestra que sin políticas públicas activas se profundizan las desigualdades. Cuando el Estado se retira, no aparece la libertad plena: aparece la exclusión.
Chascomús, con sus programas, obras e inversiones, ofrece otra mirada: la de una comunidad que entiende que el desarrollo no es individual sino colectivo, y que el Estado —lejos de malgastar recursos— cumple un rol indelegable en garantizar derechos y sostener el entramado social.
Porque allí donde hay un niño cuidado, una emprendedora acompañada, un estudiante becado, un adulto mayor integrado o un paciente atendido, hay algo más que una política pública: hay una decisión de comunidad.
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