El Monasterio San José vuelve a la vida en Gándara: de décadas de abandono a un espacio de encuentro, fe y comunidad
Tras años de deterioro y silencio, el histórico Monasterio San José del paraje rural Gándara comienza a recuperar su protagonismo. La firme decisión del obispo Juan Ignacio Liébana y el trabajo sostenido de la comunidad lograron transformar la desconfianza inicial en una realidad concreta: el lugar vuelve a llenarse de actividades, familias y esperanza.
:format(webp):quality(40)/https://elcronistacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/el_monasterio_san_jose_vuelve_a_la_vida_en_gandara_de_decadas_de_abandono_a_un_espacio_de_encuentro_fe_y_comunidad.jpg)
Durante décadas, el Monasterio San José, enclavado en el paraje rural Gándara, fue una postal del abandono. Un edificio emblemático, diseñado por el reconocido arquitecto Alejandro Bustillo, que sufrió el paso del tiempo, el vandalismo y el deterioro estructural, mientras la comunidad observaba con resignación cómo se apagaba uno de los hitos históricos y espirituales de la región.
Hoy, esa imagen empieza a quedar atrás. El monasterio comienza a cobrar vida nuevamente, no solo por el avance visible de las obras, sino por el regreso de actividades concretas que lo devuelven a su sentido original: ser un espacio de encuentro, fe, acompañamiento y comunidad.
Un campamento que marcó un antes y un después
Entre el 17 y el 22 de enero, el predio volvió a ser escenario del Campamento Diocesano de las Familias, una propuesta que reunió a familias de distintas localidades de la diócesis de Chascomús y que se convirtió, simbólicamente, en una de las primeras grandes actividades desarrolladas en el lugar tras su recuperación inicial.
:format(webp):quality(40)/https://elcronistacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/el_monasterio_san_jose_vuelve_a_la_vida_en_gandara_de_decadas_de_abandono_a_un_espacio_de_encuentro_fe_y_comunidad_1.jpg)
Participaron alrededor de 15 familias, provenientes de Chascomús, Brandsen, Monte, General Belgrano, Castelli, Pila, Dolores, y también una familia de Bahía Blanca que se encontraba de visita. Más allá de los números, lo significativo fue la diversidad: niños, adolescentes, jóvenes, matrimonios con hijos, parejas sin hijos y personas solas compartieron una convivencia marcada por la sencillez y la cercanía.
El campamento fue pensado como un encuentro familiar en sentido amplio, entendiendo la familia como “aquellos con quienes se comparte la vida”, con una dinámica flexible, sin horarios rígidos ni exigencias formales. El objetivo fue claro: encontrarse tal como cada uno llegaba, respetando tiempos personales y generando espacios espontáneos de diálogo, descanso, juego, mate compartido y oración.
Un lugar con valor simbólico
La elección de Gándara no fue casual. Además de su entorno natural, el Monasterio San José representa hoy un símbolo de reconstrucción comunitaria, impulsada por una decisión pastoral firme y sostenida. Allí se celebraron misas, momentos de adoración eucarística, oración personal y comunitaria y el rezo del rosario, compartido con la comunidad Cenáculo, que desarrolla en el lugar su misión de rehabilitación.
La adoración eucarística junto a los jóvenes del Cenáculo fue señalada por muchos participantes como uno de los momentos más intensos y significativos del encuentro, reflejando el espíritu que comienza a impregnar al monasterio: acompañar, sanar y volver a dar oportunidades.
El campamento contó con la presencia del obispo de Chascomús, monseñor Juan Ignacio Liébana, del obispo auxiliar monseñor José María Baliña, y de religiosas de los Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús, que acompañaron las distintas instancias.
De la desconfianza a los hechos concretos
La recuperación del Monasterio San José comenzó en 2024, poco después de la llegada de Liébana a la diócesis. En un principio, la iniciativa fue observada con reparos y desconfianza por parte de la comunidad local, marcada por promesas incumplidas del pasado. Sin embargo, el avance sostenido de las obras transformó esa mirada.
:format(webp):quality(40)/https://elcronistacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/el_monasterio_san_jose_vuelve_a_la_vida_en_gandara_de_decadas_de_abandono_a_un_espacio_de_encuentro_fe_y_comunidad_2.jpg)
Hoy, los cambios son visibles y contundentes:
- Reemplazo y reparación de techos,
- Recambio de aberturas,
- Renovación de pisos,
- Trabajos de pintura integral,
- Restauración de la capilla, incluyendo altar y campanas, reinaugurada a fines de 2024.
El edificio mayor muestra avances muy significativos, dejando atrás años de deterioro. Desde enero de 2025, incluso, la casa lindera ya comenzó a utilizarse para campamentos juveniles, mientras continúan las tareas de recuperación integral del complejo.
El objetivo es claro: convertir el antiguo monasterio en una casa diocesana de retiros espirituales y un centro de acompañamiento para jóvenes con consumos problemáticos. Un proyecto ambicioso que se sostiene, principalmente, gracias al esfuerzo comunitario, con el aporte de parroquias, voluntarios, rifas solidarias y ventas a beneficio.
:format(webp):quality(40)/https://elcronistacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/el_monasterio_san_jose_vuelve_a_la_vida_en_gandara_de_decadas_de_abandono_a_un_espacio_de_encuentro_fe_y_comunidad_3.jpg)
Lejos de grandes anuncios, el proceso se construye con trabajo constante, presencia territorial y una convicción que empieza a dar frutos visibles.
La recuperación del Monasterio San José es, también, una muestra del impacto de la llegada de Juan Ignacio Liébana, nombrado obispo de Chascomús por el papa Francisco en enero de 2024. Su decisión de impulsar la obra desde el inicio de su gestión marcó un punto de inflexión.
Como repiten quienes trabajan allí desde el primer día, la experiencia confirma una idea simple pero poderosa: cuando hay decisión, compromiso y comunidad, lo que parecía imposible empieza a hacerse realidad.
Después de décadas de abandono, Gándara vuelve a tener un faro. Y el Monasterio San José, lentamente, vuelve a cumplir su misión.
Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión