De Raúl Ricardo Alfonsín a la UCR actual: del desarrollo con soberanía a un voto que abre la puerta a las mineras
Mientras el histórico líder radical defendía el uso estratégico y sustentable de los recursos naturales, diputados de la UCR acompañaron hoy la reforma de la Ley de Glaciares impulsada por Javier Milei, cuestionada por su impacto ambiental y el avance de intereses extractivos.
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La aprobación este jueves 9 de abril de la reforma de la Ley de Glaciares en la Cámara de Diputados dejó al descubierto una contradicción profunda dentro de la Unión Cívica Radical (UCR): el contraste entre el pensamiento histórico de su principal referente, Raúl Ricardo Alfonsín, y el posicionamiento actual de buena parte de sus legisladores.
Mientras el radicalismo de los años ‘80 ponía el acento en la defensa estratégica de los recursos naturales al servicio del desarrollo nacional, hoy sectores del partido acompañaron una iniciativa que, según denuncian especialistas y la oposición, flexibiliza la protección de reservas clave de agua dulce.
Alfonsín: desarrollo, Estado y recursos al servicio del país
En 1984, durante la inauguración de la represa de Alicurá, Raúl Ricardo Alfonsín planteaba una visión integral y profundamente soberana sobre los recursos naturales.
Lejos de una lógica extractiva, el entonces presidente hablaba de “ordenar las fuerzas de la naturaleza para el beneficio del género humano”, destacando el carácter renovable y no contaminante de la energía hidroeléctrica.
Pero su mirada iba más allá: sostenía que el aprovechamiento del agua debía contemplar múltiples usos —riego, consumo, control de inundaciones, desarrollo regional— en igualdad de condiciones, y con un fuerte protagonismo del Estado y las provincias en la planificación.
“Los recursos naturales pertenecen al conjunto del pueblo argentino y deben ser preservados, administrados con racionalidad y orientados al desarrollo nacional. Cuidarlos es una obligación del presente, pero también un deber moral para con las generaciones futuras.”
Alfonsín también advertía sobre la necesidad de administrar con responsabilidad los recursos financieros y naturales, entendiendo que eran estratégicos para el crecimiento autónomo del país.
La votación de hoy: otra lógica
Cuatro décadas después, diputados de la UCR votaron a favor de una reforma impulsada por el gobierno de Javier Milei, junto a La Libertad Avanza, el PRO y bloques provinciales.
La norma modifica los criterios de protección de glaciares, limitando el resguardo a aquellos que tengan un “aporte hídrico verificable”, y otorga mayor poder a las provincias —muchas de ellas interesadas en el desarrollo minero— para definir las áreas protegidas.
Para sus críticos, este cambio implica un giro significativo: de una concepción estratégica y sustentable del recurso agua a una lógica que prioriza inversiones extractivas, particularmente vinculadas a la minería.
Recursos naturales: de patrimonio nacional a variable económica
El contraste no es solo político, sino conceptual.
- Para Alfonsín, los recursos naturales eran una base para el desarrollo integral, con planificación estatal y beneficio social amplio.
- Para los impulsores de la reforma actual, son también —y centralmente— una oportunidad para atraer inversiones privadas, incluso en zonas ambientalmente sensibles.
Este cambio de enfoque es el que genera mayor preocupación: los glaciares no solo representan reservas energéticas o económicas, sino fuentes esenciales de agua dulce, en un contexto global donde este recurso es cada vez más escaso.
El acompañamiento de la UCR a la reforma no fue unánime, pero sí suficiente para inclinar la balanza. La decisión expone tensiones internas entre una tradición histórica vinculada a la defensa del interés nacional y una práctica política actual más alineada con acuerdos parlamentarios y estrategias de gobernabilidad.
Para muchos sectores, el voto de hoy representa un alejamiento de los principios que marcaron al radicalismo en su etapa fundacional y en el retorno democrático.
Un debate que interpela la historia
La figura de Raúl Ricardo Alfonsín vuelve así al centro del debate, no solo como referencia histórica, sino como punto de comparación frente a decisiones actuales.
En tiempos donde el acceso al agua y la preservación ambiental son temas centrales, la discusión sobre los glaciares trasciende una ley: pone en juego el modelo de país y el rol del Estado frente a sus recursos estratégicos.
La pregunta que sobrevuela, entonces, es inevitable: ¿qué queda hoy de aquella visión de desarrollo soberano que alguna vez definió al radicalismo?
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